La trastienda de Fidel

El Fidel del reggae, cada vez más lejos del Fidel vanguardista y autónomo que supo ser, aunque más mediático y con mayor alcance de audiencia, se presentó por segunda vez en La trastienda, ante un público ambiguo, con algunos vernáculos del género pero con mayoría foráneo.

Aproximadamente media hora después de las nueve de la noche del domingo, los músicos que acompañan a Fidel estaban dispuestos en sus lugares y musicalizando el salón de San Telmo. Mientras, con las luces bien bajas, se escuchaba la voz del cantante: “Vos sos mi luz y mi compañía…”, pero sólo fue un amague, ya que enseguida la batería marcó el inicio de My Princess y la figura, siempre imponente, del frontman se introdujo compulsivamente en el escenario.

Lookeado con remera violeta, saco de vestir blanco impecable y su turbante negro, distante del estilo rasta característico, Fidel Nadal desplegó todos sus atributos como showman, moviéndose de un lado para el otro e intercambiando comentarios con la gente, en ocasiones sin mediar palabras, sólo con sus expresiones más que elocuentes. Sonaron Gracias y Carita de alfajor, dos de los cortes del disco Emocionado (2007) seguido por No te escondas, tema con el que dirigió el gran baile con coreografía propia: “Dos para este lado, dos para el otro, muevo la cabeza y las piernas…”, y sin pausa Noticia Noticia, un testimonio referencial, que compensó el sabor empalagoso del alfajor.

La gran afluencia de público evidenció el gran momento, a nivel de alcance, que está pasando Fidel, ya que desde temprano había mucha gente merodeando La Trastienda. Un público que coreó casi todas las canciones del último trabajo International Love, impulsado mediaticamente por Sony BMG. Además, fue llamativa la presencia cuantiosa de niños, encandilados ante la imagen de su excéntrico ídolo. Y para seguir bailando, Intensivo con su ritmo contrastante, seguido de, ahora sí, Luz y Compañía.

“¿Adonde están los veteranos del reggae?”, preguntó Fidel a sabiendas del recambio que se generó entre su público, “que levanten las manos, que este tema es esencialmente para ustedes”. Y me atrevo a decir que unas pocas manos se hicieron en alza, igualmente Tiempos del reggae vibró en el recinto al ritmo del raggamuffin que tan bien le sale.

El calor en todo el lugar era por momentos agobiante, y Fidel no escapaba a tal efecto: “No doy más, ¿seguimos?”. Inmediatamente, ante la respuesta positiva de la muchedumbre, le pide al iluminador que baje las luces, y con casi oscuridad total, canta We are togheter seguido de In My Dreams, ambos temas en ingles, impregnados de un roots clásico con bata y bajo protagónicos, acompañados por una guitarra charrasqueante. Termina el tema y Fidel desaparece…

Desde un costado del escenario, y en respuesta a la aclamación proveniente desde abajo, el músico instaba: “No se aceleren, no se aceleren”, e inmediatamente saltó al escenario: No aceleres el tiempo y Fijate vos, tema electrizante. Pero pedían más. “Sigo, pero si bailan todos, tirala”. From me to you, tema de Los Beatles que grabó para el Álbum Verde, tributo a los legendarios músicos de Liverpool, para que todos muevan los cuerpos como les plazca y ,para que no decaiga, Vamos arriba.

El prefacio del próximo tema lo tiene a Fidel recordando sus comienzos como solista, golpeando puertas de discográficas y dando cada paso a pulmón, siempre para delante, realizando lo que llama Trabajo de Hormiga, sin dudas un tema que, actualmente, me es imposible no destacar como anacrónico; “Por que el arte hoy es un comercio, no tiene valor, pero sí tiene precio.” Otro hecho que captó mi atención fue el siguiente tema, Nena no llores, para el cual hace su ingreso por primera vez en la noche Chainy, esta vez sin bandera Rasta, y más próximo a un artista de baladas melosas, repartiendo besos voladores. Asimismo, cabe destacar que alguien del público le alcanzó una bandera, y luego de sostenerla unos segundos, la devolvió. ¿Será por el calor que no agitó su propia bandera, a como nos tenía acostumbrados?

Luego de la efímera aparición de Chainy, Fidel se confiesa entonando, -y a veces no tanto- Necesito tu amor, pidiéndole al público que le haga de coro, “bien agudo”, para que sientan lo mismo que él. Celulares y unos pocos encendedores iluminaron el recinto, ya que las luces estaban, nuevamente, casi todas apagadas. Las cabezas iban y venían de hombro a hombro, así como las manos en alza. Es indiscutible la capacidad del Rasta para conectar con la gente.

Aproximadamente a las once, el silencio se impuso y una cálida sensación flotaba en el ambiente, pero el ex Todos Tus Muertos no iba a dejarnos así: “Saben como me siento…”, ese fue el pie para que el bajo atronador comience a sonar al ritmo de Emocionado, para que las voces del público peleen cuerpo a cuerpo con la potencia de los parlantes de La Trastienda. Ahora sí, el final anunciado con obviedad: International Love y, como no podía ser de otra manera, estallido, gritos insoportables y demás demostraciones que evidencian el poder de los medios que nos implantan melodías y letras a fuerza de repetición y mas repetición.

Un show muy bueno sonoramente, con meritos de La Trastienda, que permite que se luzcan los grandes músicos y de la banda, que suena impecable, acelerando el ritmo cada vez que Fidel les pide velocidad para el ragga y estremeciendo con su roots más clásico. Con situaciones anacrónicas que ya marqué, y con líricas de alto contenido, dignas del autor, así como otras bien naif.

Y una encrucijada que no termino de definir, seguramente por que no poseo la capacidad de hacerlo: ¿Sigue siendo Fidel Nadal el Soldiers of Jah, el Rasta genuino que pregonó durante toda su carrera y vida, o es un producto más del mercado, ese mercado que coarta su independencia artística y lo obliga a darle un tinte comercial a su obra, a cambio de espacios en radios y videos en la TV?

Por Nicolás Iandoli
Fotos: Paula Ciccolella

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