Chala Rasta es una banda que viene esquivando charcos babilónicos desde hace casi veinte años. Resistiendo al paso voraz del tiempo con las armas que mejor sabe utilizar, la poesía, la perseverancia y la magia chalera. Nos juntamos con el particular frontman, Christian Gordillo, y rememoramos momentos históricos de la banda: nieve, fuego, mar y más…mucho más.
Chala Rasta sobrellevó varios cambios en lo que fue la formación original, aquella fundada en julio de 1990 por Christian, voz, guitarra y composición y Alejandro “Pelado” Fernández en el bajo, quien en el 2002 dejó la banda para ir a España.
Con respecto al rol del vocalista y nuestra percepción: ¿Te sentís un narrador o un trovador por sobre la figura de cantante?
- Seguramente sea mejor narrador que cantante. Pasa que muchos cantantes de éxitos, no del reggae sino de la música en general, son tipos que no tienen una gran voz, ni un gran caudal, ni una gran afinación. Pero las cosas importantes, a veces, pasan por lo que uno pueda transmitir desde este lado. Podes no tener esas cualidades pero si una voz particular que llega a determinados lugares. Además, priorizo destacar la importancia del mensaje -en cuanto a ser un trovador- porque seguramente a la gente se le escape, en el medio de un show, el contenido de un tema. Y quiero que llegue lo que escribí. Para eso a veces estoy horas y hasta días para encontrar la palabra justa de cada párrafo, hasta que logro encontrarla.
“No importa la manera. Hay cantos que desafinados suenan más lindos que bien cantados…” (Espíritu-7mo Hijo)
Durante la década del noventa, la cual sería la antesala a su primer CD oficial, la agrupación editó los siguientes trabajos: Brazo Moreno (1994), Raíces (1996), El águila (1997), Volver a nacer (1998) y África (1999) en formato de casete.
En 2000 graban Gondwana, su debut en disco compacto, ¿cómo fueron esos 10 años desde el armado de la banda hasta su primer “hijo”?
- Ese tiempo que pasó, de la génesis de la banda hasta la concepción de Gondwana, parece que hubiese sido muchísimo más, por muchas cosas que han pasado (casi puedo ver dentro de su cabeza las diapositivas de sus recuerdos). Ahora, para las bandas que arrancan es muy fácil sacar un disco. Con un buen equipo y un programa de compu lo pueden grabar en su casa. Para nosotros, en los ‘90 era casi imposible tenerlo, entonces editábamos casetes para difundir las canciones. Básicamente era muy costoso.
Hace poco, el cantante de Sr. Tenga, con los ojos refulgentes de amor, me dijo: “Nosotros somos músicos, queremos tener el disco en la mano”. Ustedes que ya tienen seis en su haber, ¿qué relación tienen con el disco en sí?
- Las bandas como nosotros dependemos mucho de la venta de discos. En cada gira que hacemos, además de contar con el ingreso del cache de los shows contamos con la entrada por la venta de los cd, ya que en las presentaciones siempre vendemos bastantes. Y eso ayuda mucho a solventar las giras y no lo queremos perder, por eso valoramos mucho la movida del disco en mano. Esa es la importancia que le damos. Y una de las maneras de que se mantenga es el precio. Porque si están 35 o 40 mangos es lógico que se los bajen gratuitamente -el tema es que entre la banda y el comprador final hay por lo menos treinta pesos en intermediarios-. Entonces, nosotros cuando podemos lo ponemos a 10 pesos, y me parece que ahí no da a dudar si lo comprás o no. Y en definitiva a nosotros nos sirve. Por otro lado, estamos trabajando en el disco nuevo, y vamos a armar algo especial, para que todos quieran tenerlo.
En 2001 sufrieron un incendio en su sala de ensayo, ¿cómo fue y que significó para la banda?
- Vivía con mi tío en una casa antigua muy larga que tenia un cuarto convertido en sala de ensayo. Un día se había cortado la luz -eran cerca de las cuatro de la mañana- y mi tío, que estaba con una vela, se fue al baño. Cuando volvió se había caído sobre el colchón y el fuego ya era imposible de parar. Me despertó diciendo: ‘¡se incendia la casa!’ Yo, dormido, no entendía nada. Bajé corriendo y estaba toda la casa llena de humo negro. Salí y cuando llegue al frente se veía tipo película, llamas saliendo por la puerta y las ventanas hasta el techo. Ahí caí que estaba agarrando la habitación de al lado, la sala, en la que estaban los instrumentos. Para colmo los bomberos no llegaban. Quise entrar para manotear algo y lo único que pude agarrar fue el tacho de la batería, pero ya caían las tejas con fuego y no se podía entrar más. Así ocurrió. Encima, al viernes siguiente teníamos una fecha programada y obviamente pensamos en suspenderla, pero inmediatamente tuvimos llamados de solidaridad, gente que nos prestó instrumentos y más cosas, así que tocamos ese día y fue una catarsis.
“Recorrí mi vida en un instante, vi caer el horizonte en un vendaval…” (7mo hijo)
¿Es ridículo pensar en sacar algo positivo de una situación como esa?
No, al contrario, claro que porque no paso ninguna tragedia. Han salido canciones, por ejemplo, en el disco 7mo hijo, la canción homónima hace mención a esa momento -en algunas partes, no toda-. Y como todo momento difícil te inspira un montón de cosas.
“Y la música brotó a pesar de todo, como un jardín crecía en el medio de las ruinas. Su flor irradiaba la leve esperanza de saber que en vano nada suele pasar…”.
La banda le dedica gran parte de su tiempo a las giras, tanto por la Costa Atlántica en verano (son un clásico sus shows en las playas de San Bernardo) como por el sur en invierno. ¿Cómo fue la experiencia de tocar en la Cima del Cerro Catedral (Bariloche)?
Estábamos parando en Bariloche, de ahí nos íbamos al Bolsón, a San Martín, a donde sea con tal de tocar. Un día, no recuerdo quien, nos tiró un dato para hablar con un bar de arriba, Punta Princesa. Nos pareció buenísimo, fuimos y arreglamos. La onda era ir temprano, porque había que subir todos los equipos por aerosilla, los instrumentos y el sonido. Al dueño le pregunte si tenía tarima y nos dijo: “no, ahí nomás, en la nieve, no pasa nada”. Salimos a las siete de la mañana, en pleno invierno, atamos los equipos con soga en las sillas y los canastos, e íbamos colgados para cuidarlos, entonces cuando llegábamos lo paraban, para poder apoyar despacio los equipos. De ahí, hasta el bar, llevamos las cosas en trineos. Armamos todo, tocamos y la gente no entendía nada. Por suerte nos toco un día hermoso y con el cerro de fondo. Algo muy loco, como cuando fuimos a El Bolsón, a la feria hippie y tocamos en la base del Cerro Piltriquitrón e hicimos los temas Nube Negra, País de la distancia y Paraíso aborigen en ese lugar y con ese paisaje y con el significado de las canciones. Además, en el público veíamos las caras de los lugareños y veíamos la Tierra misma.
¿Cómo se define el reggae de Chala Rasta, en que se diferencia claramente de otras bandas del género?
- Desde adentro (de la banda) a veces no te das cuenta, pero yo escucho que es diferente, muy diferente, aunque no se en realidad de que se trata. Empezamos a hacer reggae escuchando Marley y es lo que nos salió desde el principio. Pero tampoco nos hemos forzado –porque no nos interesaba- en torcer la línea para otro lado. Viste que hay un lado muy Cafre y que muchas bandas siguieron, en el sonido, medio similar. Yo no me escucho por ese lado. A veces hemos incluido instrumentos no tradicionales del reggae y acoplado ritmos, pero creo que la diferencia esta en el armado de la canción. Para componer no me censuro, en el disco 7mo Hijo esta el tema Candombe, el tema nos gustaba y dijimos vamos a hacerla reggae y probamos pero no nos convencía, entonces ensayamos con ritmo de candombe y sonó a full y quedo. Por más que sea una banda de reggae no nos vamos a restringir, a la música no la podes limitar; si sale para ese lado, sale. Hay que guardar determinados conceptos, pero no encerrarse.
El viernes 25 de junio de 2004, en el Puente Pueyrredón, Chala Rasta participó en la vigilia del segundo aniversario del asesinato de Darío Santillán y Maximiliano Kosteki, quienes fueron ultimados el 26 de junio de 2002 en medio de una represión encabezada por la Policía Bonaerense cuando reclamaban planes sociales. ¿Cómo fue la experiencia?
- Esa fue una linda situación que vivimos. En el tema Lucero, en la última parte, hacemos mención a Maxi y a Darío. Eso de alguna manera le llegó al padre de Santillán y me llamó a casa para agradecerme, lo cual me movió de una manera… (hace una pausa que denota sinceridad y sensibilidad) ahí ves a los lugares que la música puede llegar. Entonces nos invitó, tocamos un par de veces y luego surgió la canción El puente enteramente referida a ese día.
Disco nuevo: en este nos jugamos todo, empezamos a trabajar con Matías Zapata, productor artístico de el Bahiano y del último trabajo de Soledad Pastorutti. Ya tenemos treinta temas, de los cuales hay siete seguro y hay que elegir los definitivos, cosa que nos está costando bastante. Nosotros queremos hacerlo de doce temas y los productores, que siempre quieren menos, quieren diez, en esa lucha estamos. No queremos dejar ninguno afuera en realidad, pero bueno, igualmente no va a ser el último disco.
¿Cómo los eligen? Hago una encuesta con la banda, y pongo crucecitas a ver cuantas coincidencias hay. Pasa que capaz que a mi me parece un tema pero al resto no, entonces no lo voy a mandar por capricho. El dato diferente es que vamos a sacar un libro junto al CD, en el que va a haber, además de historias de Chala, cuentos y van a estar todas las letras de cada tema con la historia de cada canción, incluso una explicación acercando al significado de cada una. También, dentro del libro va a ir una entrada gratis para un recital. Lo que queremos es que el valor del paquete sea el de una entrada a un recital. Para que, por el valor de un ticket tengas el CD más el libro y la entrada.
Chala Rasta cumplió 19 años de trayectoria junto a la música, del lado de la gente, sin compañías que los apoyen y remando entre lo mediatico y masivo. Por esto y sus tantas obras todo nuestro respeto a Chala Rasta.
Por Nicolás Iandoli

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